Cultura Indígena

 

Raza Indígena

Cultura Nahua.

La cultura nahua de Zongolica se ha adaptado a los distintos contextos socioeconómicos que han marcado el proceso histórico de la sociedad nacional; no obstante, "laten las venas de la Sierra, sangre que corre desde la época prehispánica y que estalla en flores de cultura todavía sensibles a las concepciones duales y verticales del indígena nahua. Simbólicamente, se podría decir que la Sierra de Zongolica constituye la sucesión de estirpe, una pirámide de raza indígena, el nuevo peldaño que sustentará el serrano futuro. Atrás viene la tradición vigilante que empuja y guía. Es así como en cada costumbre se siente latir el tiempo como si detrás de una máscara palpitara un rostro cambiante y vivo*. (*Manuel Orea Méndez, escritor nahua de Zongolica)

 

 

Trajes Regionales

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Trajes Típicos

La riqueza cultural del municipio de Zongolica se ve reflejada en la belleza y colorido de sus trajes típicos, los cuales van acorde a las condiciones climáticas de las regiones: cálida, templada y fría.

TRAJE BLANCO, es el más representativo, pertenece a la región cálida. La indumentaria de este vestido tiene una antigüedad aproximada de 100 años, es tradicionalmente blanco ya que en esta zona se sembraba algodón. Dicho atuendo esta formado por una blusa de tela delgada que en la antigüedad se llamó Malacuyan, el cuál era portado por las novias. Este vestido se adorna con pequeños olanes hechos con puntada de "camarón", que son cosidos a mano, formando la bata y el cuerpo de la blusa; la falda es un lienzo de aproximadamente 4 metros de largo por 1.60 de ancho que se dobla a la cintura, actualmente es de tela popelina o manta, la cual es angosta, se ciñe mediante una faja multicolor llamada ixpaluqueña,

TRAJE NEGRO. Este hermoso ajuar se utiliza en la zona fría y tiene 40 años de haber sido rediseñado. mantiene los mismos elementos que el blanco, sólo que varía el color de la falda que en este caso es de lana negra, así como el uso del rebozo.

TRAJE AZUL. Esta variedad proviene de la parte templada de la zona, se compone por una falda azul rey, lo cual recuerda un diseño más antiguo de más de 200 años aproximadamente, consta de los mismos elementos que los trajes anteriores solamente se agrega un cuello hecho de chaquira o petatillo, fue rediseñado hace 60 años aproximadamente.

ACCESORIOS: la faja, collar, aretes, así como los ichtkakuitlameh (estiércol de borrego), que son unos remates para las trenzas, son las prendas más representativas de la zona, cordones de hilo negro que se confunde con el cabello de la portadora del traje, y se bifurca en 3 ramas una para cada gajo de la trenza, remata con graciosos racimos de bolitas coloridas de estambre.

La faja blanca tejida con un diseño multicolor, de figuras de animales; águilas, mariposas, colibríes y otros motivos estilizados. Este accesorio es muy representativo en la mujer de la Sierra; Se complementa con un respaldo de palma llamada soyarte que sirve de base para que la faja no se pierda en la cintura.

 

 

 

 

 

Ray y Lupita

Dueto formado por el cantautor Ray Pérez y Soto, compositor de La Cigarra y Lupita.

Zongolica, 2001. Autor: Raymundo Martínez Castañeda, Acrílico en tela, 80 x 100 cm, Casa de la Cultura Alfonso Michel de Colima.

Elvira Gazcon

Sin título. 1992, Autor: Elvira Gascón, Fresco, Parroquia de San Francisco de Asís, 2 X 3 m.

Ray Pérez y Oliver Carr

En una fotografía histórica Don Ray Pérez y Soto (Compositor de la Cigarra) y Oliver Carr en una reunión de amigos.

Oliver Carr

XEZON La Voz de la Sierra de Zongolica

 

1360 AM / 10 000 watts

Dirección: Azueta, No. 8, Col. Centro, C.P. 95000, Zongolica, Veracruz

Teléfono: 01 (278) 732 62 56

–Radio XEZON

Xezon

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Arte en Zongolica

Inspiración de Artistas

Los paisajes y el ambiente de esta región es inspiración de una gran cantidad de artistas; pintores, escritores, músicos, poetas, etc.

 

Menciono sólo algunos: Elvira Gascón, Raymundo Martínez Castañeda, Ray Pérez y Soto, Martha Sotomayor, Honorio Contreras Pavía, etc.

 

Música

Ray Pérez y Soto, oriundo de la Sierra de Zongolica, nos legó, entre una gran cantidad de canciones, un huapango que se ha escuchado en todo el mundo y ha sido interpretado por las grandes voces de México y del mundo, como Lola Beltrán, María de Lourdes, Estela Nuñez, Linda Ronstadt: "La Cigarra". Quién no ha escuchado esta melodía tan famosa; pero dentro de sus composiciones tiene además una canción dedicada a Zongolica.

 

Pintura

Es uno de los paseos más amenos y recreativos. panoramas imposibles de describir, aire purísimo, Luz díáfana brotada de un cielo azul. obras de arte natural que retan al artista a usar su maestría en la mezcla de sus colores, para que a su estilo propio plasme su interpretación para regocijo de todos los mortales.

pintura

 

Murales de la Parroquia de San Francisco de Asís

 

Son murales (8 en total), leemos en la revista PROCESO (13-II-2000), de 2 por 3 metros en los cuales la pintora, que los realizó a razón de uno por cada otoño a partir de 1992, consiguió un sincretismo entre la religión impuesta y las creencias de los habitantes originales de la región, donde refleja sus modos de vida y costumbres, como el mercado, las bodas, los bautizos, y danzas ceremoniosas en honor a la tierra. En esa iglesia franciscana la artista escribió: “Con amor para México, Elvira Gascón”.

Murales legados en testamento al pueblo mexicano.

 

Oliver Carr (Oliverio Carrera) artista y bohemio local. Entre sus obras se encuentra el escudo oficial del Municipio de Zongolica, pintado al óleo.

 

 

Arquitectura

IGLESIAS

Arquitectura Religiosa. En Zongolica tenemos 2 ejemplos de arquitectura religiosa, 2 templos edificados por misioneros franciscanos, el Calvario construído aproximadamente en 1567 en cuyos hornamentos de las columnas encontramos como motivos decorativos a los hongos usados en ceremonias prehispánicas, mostrando el sincretismo de las dos culturas.

El Calvario, se encuentra en restauración. y en el templo de San Francisco se encuentran los 8 murales de Elvira Gascón.

 

Boda Indígena

Boda Nahuatl

Hay dos formas de matrimonio que son bastante diferentes. Una, no conlleva ninguna ceremonia, ni rito: simplemente es una compra simbólica de una muchacha a través del regalo de alimentos y bebidas que se hace a los padres. El otro muy complejo, comprende la bendición en la iglesia, ceremonias en la casa y numerosos preámbulos.

 

La primera forma de unión está mucho más propagada. Es muy simple: el joven va a pedir a la muchacha o a la niña a los padres. Les lleva regalos, que se llaman panxihuiuitl, consistentes en pan, aguardiente, chocolate, cuya cantidad depende de los recursos del pretendiente. Si los padres aceptan los regalos, el joven obtiene el derecho de llevarse en medio de un séquito a la muchacha o a la niña.

 

Es muy raro que los padres de la muchacha rehúsen los regalos. Tampoco parecen inquietarse por la situación económica del pretendiente, ni su carácter. Solamente piden a la muchacha que sea condescendiente. El hecho de que el joven tenga otra mujer, lo cual es frecuente, no es motivo para que rechacen los regalos. Esta forma de matrimonio pues, tiene un carácter fatídico; primero, ocurre que un hombre llega a buscar a la muchacha a la casa de sus padres: por lo que hay que disponerse a dejarla partir con este hombre. Todo pasa como si no hubiera opción de selección, ni por parte de los padres ni de la muchacha.

 

Esta forma de unión es la más común, comenzando por el motivo económico muy evidente: los panxihuiuitl pueden ser muy modestos (algunas monedas) ya que las ceremonias matrimoniales son muy numerosas y costosas. La gente pobre es más numerosa que otras. Por otro lado, observamos que la poligamia es muy común: sólo la primera mujer puede estar casada siguiendo todas las reglas del “verdadero” matrimonio. La segunda mujer se puede adquirir a través de un panxihuiuitl, si es que el hombre es “rico” En tercer lugar, la mayoría de los hombres, prefieren a las mujeres muy jóvenes. Para algunos, una joven de 15 años es una “vieja”. Prefieren niñas de 12 años apenas núbiles. En el caso de una unión con una niña, no se puede tener un verdadero matrimonio: por lo que el hombre se contenta con llevarles el panxihuiuitl a los padres de la niña. Desde que un hombre compra una muchacha la hace su mujer, aunque ella no haya llegado a la pubertad. La muchachita vive con su suegra quien termina de criarla. Estas uniones prematuras son mucho más numerosas y comunes en las congregaciones que en el poblado central. Sin dejar de mencionar que el hombre y la mujer que están unidos en esta forma nunca se casan civilmente.

 

Estos hechos hacen que se comprenda fácilmente porqué la unión a través de un panxihuiuitl es mucho más frecuente que el matrimonio.

Son estas, dos condiciones las que hacen un verdadero matrimonio: tener recursos suficientes y casarse por única vez.

 

Cuando un joven acompaña a una muchacha al mercado, a la iglesia, en el camino, debe participar a sus padres sus deseos de casarse. Si los padres están de acuerdo, buscan entre sus relaciones, por lo general entre sus “compadre” un “pedidor” en náhuatl: ciutlanque, el que pide a la novia. Los padres van a ver a la persona designada por ellos con un regalo (aguardiente). Si la persona acepta el encargo, los 3 juntos fijan la fecha en que irán a pedir a la muchacha. Por lo general, se escoge como “pedidor” a una persona respetable, que sepa expresarse con facilidad.

 

La petición se hace a las dos o las tres de la mañana. El “pedidor” va acompañado por los papás del joven, que llega con los papás de la muchacha, les ofrece el aguardiente, los saluda largamente y les explica el objeto de su visita. Ni él ni los padres del joven le hablan a la muchacha. Sólo se dirigen a los padres. Los papás de ella jamás le darán una respuesta en esa primera visita. Tal prisa seria contraria a las costumbres: ellos dicen a los padres del joven y al “pedidor” que regrese a los 8 o 15 días para darles la respuesta.

 

Al cabo de ese tiempo, se hace la segunda visita, que se desarrolla siguiendo las mismas reglas anteriores. Si los padres de la joven aceptan el matrimonio, todos beben aguardiente. Si los padres rechazan la petición, regresan el regalo que les hicieron en la primera visita y el que les llevan en la segunda.

 

Ocho horas después los padres del joven y el “pedidor” hacen una tercera visita, llevando esta vez un regalo importante: chocolate, azúcar, vino. Cuando reciben el regalo, en ese momento, los papás de la chica anuncian el compromiso.

 

Este regalo constituye el acuerdo oficial. En ninguno de los casos, nadie pregunta a la muchacha si está o no de acuerdo con el matrimonio.

 

A partir de ese momento y hasta la fecha de la boda. la novia es aislada del mundo exterior, aunque la espera sea larga. No debe hablar con nadie, salvo con los miembros de su familia. No debe salir a pasear. Puede salir excepcionalmente con su madre, sin alejarse de ella y con la cara tapada por un chal. Pues sus futuros suegros pueden enojarse.

Durante este período, cada semana, la novia va a depositar con sus futuros suegros carne, pan, chocolate, leña, una jarra con agua (los lugares donde sacan el agua, se encuentran muy alejados de las habitaciones, por lo que el agua constituye un regalo).

 

Antes del casamiento, tiene lugar una fiesta que se llama cihuatlale, presentación de la muchacha. El joven y sus padres van a ver a los padres de la muchacha para acordar la fecha del matrimonio. En esta ocasión, hacen una comida como ceremonia: los gastos son pagados por el joven, los platillos preparados en su casa y transportados a casa de la novia. El joven aporta también un collar y un petate nuevo.

 

Colocan el petate en el zantocali (frente al altar); ella se sienta en la estera y el joven le coloca el collar alrededor del cuello. Esta es la presentación de la joven. En el curso de esta fiesta se fija la fecha para la ceremonia del matrimonio: el plazo lo determina el tiempo que los padres del joven se tarden en reunir el dinero y las provisiones necesarias para la ceremonia. A los que llamamos “indios ricos”, para diferenciarlos de los otros, que no tienen grandes recursos y les falta dinero en efectivo. Enseguida los padres buscan un padrino para el joven y una madrina para la muchacha. Juntos, van a ver a las personas en cuestión, aportando cada uno aguardiente. Como siempre, el hombre y la mujer aceptan el aguardiente si aceptan el encargo que les vienen a ofrecer.

 

Los padrinos tienen obligaciones costosas. La madrina debe ofrecer a la novia, en todo caso, un collar (rosario), una sortija, una canasta (de un tipo especial llamada “canasta de raíces”), una escobita, un peine, un calabazo, una cinta para las trenzas y collares. Si es rica y generosa agrega: un collar, una blusa, un chal, un cinturón. El padrino debe regalar al novio: una sortija, un rosario, un pañuelo, eventualmente, un sarape y huaraches.

 

Este matrimonio comprende la ceremonia en la iglesia. Después de la ceremonia eclesiástica, todos los asistentes, salvo los padres del novio, van a tomar café y chocolate con la madrina. Enseguida, todos se dirigen a la casa del novio. Delante del umbral, los novios y sus acompañantes se detienen. Los padres del joven avanzan y ofrecen café y aguardiente. Los asistentes beben aguardiente, salvo los recién casados que toman café.

 

Luego, todo el mundo traspasa el umbral de la casa. Los padres del novio les echan incienso con el popoxcaxetl. Y luego entran en la casa.

Los padres, novios y padrinos, inciensan los santos. Los esposos se arrodillan en un petate nuevo colocado delante de un altar. La madre del novio toma un ramo de flores y “limpia” con ellas a su hijo; le pasa las flores por la cabeza, los hombros, los brazos y las manos.

 

Enseguida debe besar las flores. Con el mismo ramo, ella “limpia” a su nuera, procediendo de la misma manera, besa las flores, y coloca el ramo sobre el altar.

 

Entonces comienza la ceremonia de la “enflorada”. La madrina y la familia de los novios traen del zontecali una canasta con flores, a las que se pone incienso antes. Las flores se ponen de dos maneras distintas. Una parte en collares, ensartados con flores blancas o amarillas (zempaxochitl) y hojas de naranjo alternadas; la otra, las xochimanale: ramo pequeño elaborado con florecitas amarillas entre dos hojas de naranjo.

 

 

Los novios hacen una genuflexión. La madre del novio da a cada uno un xochimanale que toman en sus manos. Después ella florea a sus hijos, les pone dos collares como banderolas cruzadas, lo pasa sobre el hombro izquierdo y bajo el brazo derecho, la otra sobre el hombro derecho y bajo el brazo izquierdo. Luego procede a la misma operación con su nuera.

 

Enseguida, la suegra florea a los padres de la novia y a los padrinos. Después, un representante de la madrina florea a los padres del novio y a los demás parientes, comenzando por los abuelos. Así termina la ceremonia de la “enflorada”.

 

Todos los asistentes se levantan y bailan delante del altar 8 danzas, al son del arpa. Hombres y mujeres, sin distinción de sexo, se alinean en filas de 5 a 6 personas y en varias filas (siguiendo las dimensiones del salón) de cara al altar y haciendo los siguientes pasos: un paso a la izquierda, el pie derecho se trae al lado del pie izquierdo; el pie derecho va a la derecha, el izquierdo se trae al lado derecho y así sucesivamente. No se da vuelta sobre sí mismo ni se mueven los brazos. Es más un pataleo que una danza.

 

Todos los que fueron floreados se quitan los collares. Los de los novios son colocados en el altar. Las otras personas que recibieron collares hacen lo que les plazca con ellos.

 

Viene enseguida la comida. Se coloca en medio de una mesa una vela con un candelabro, una botella de vino y otra de aguardiente. Esta comida la ofrece el esposo. Puede variar en calidad y abundancia, de acuerdo a los medios económicos del novio, pero forzosamente debe tener el “atole negro”, de masa agria, frijoles negros, café y, generalmente mole. Precedido de toda una serie de bebidas: el padrino ofrece una ronda, otra, los padres de la novia, una tercera por los padres del novio, etc... Cada vez que se ofrecen se hace un pequeño brindis. Después de la comida, todos los asistentes se ponen a bailar delante del altar (los mismos bailes que antes de comer). Al cabo de un rato, y en un momento escogido por la madrina, se deja de bailar, prende el incensario e inciensa los santos. Después, bailando todos y llevando el incensario, ella se dirige a la cocina, seguida de los novios y de todos los presentes. En la cocina ella enciende el tenamaztli después del comal.

 

Se tiende un petate cerca del fuego, sobre el que se sienta la novia. El pedidor hace entonces un discurso: él “da consejos” a los nuevos esposos, luego les recuerda sus deberes recíprocos; les recomienda seguir las costumbres, ser bondadosos con la familia, bondadosos con otros, etc... Enseguida, se hacen alrededor todos los miembros de la familia para “aconsejar” a los esposos. Es importante remarcar el papel que juegan los ancianos en esta parte de la ceremonia. Entre todos los matrimonios que han asistido, hay por lo general mujeres ancianas que hacen numerosos discursos morales. Los nuevos esposos abrazan a todos sus parientes y padrinos, pidiendo perdón por sus faltas. Todos los asistentes, incluyendo a los novios, lloran cálidas lágrimas.

 

Se terminan los discursos, la joven esposa, su suegra y madrina encienden el fuego; y hacen una especie de danza alrededor del fogón: una atrás de la otra, giran alrededor del tenamaztli, con pasos pequeños, agitando el incensario, cada una a su rededor.

 

Toda la ropa que la novia porta durante la ceremonia nupcial es doble: dos blusas, dos faldas, dos cinturones, dos collares, dos chales. Uno de ésos se lo ofrece a sus familiares o a su madrina, la otra, es para ella. Se trae a la cocina un chatanate nuevo. Entonces la madrina comienza a desvestir a la novia: ella se quita una serie completa de ropa, que coloca en el chatanate.

La ceremonia matrimonial termina. Mientras tanto, delante de los invitados que regresan con ellos, el nuevo esposo regala a su suegra un guajolote, siguiendo un proceso, siempre el mismo, como sigue: se pone a cocer el guajolote completo; se le pone una flor en el pico, después se coloca en una cesta, y se cubre con flores. El novio lleva la cesta. Frente a él, una mujer lleva un calabazo lleno de maíz. Los músicos comienzan a tocar el arpa y el violín. Los asistentes bailan alrededor del pavo y el incensario. Durante la danza, la mujer que lleva el calabazo llama al guajolote como si estuviera vivo, para darle maíz diciendo: “cuni, cuni, totole, cuni”. Terminada la danza, el joven regresa el guajolote a su suegra. Si sus recursos se lo permiten, hace el mismo presente a la madrina.

Al día siguiente de la ceremonia, la nueva esposa se debe levantar muy temprano, para moler maíz: ella debe ofrecer, al alba, a su esposo y suegros, las tortillas y el atole preparado.

 

Los nuevos esposos viven en la casa del marido hasta que construyan su propia casa. Esta cohabitación dura a veces algunos años. Durante este período, la joven esposa está bajo la autoridad total de su suegra, misma que es más fuerte si la esposa es muy joven. A menudo, la suegra ejerce sobre la joven una verdadera tiranía. Tal parece que la mujer vive la mayor parte de su vida bajo tutela, que venga al fin con el esposo o con los hijos: es la única persona que tiene posibilidad de dominar, como ella misma de obedecer a su suegra y a su marido.

 

No existe el divorcio propiamente dicho, pero las separaciones son frecuentes: en este caso, la mujer puede, o regresar a su casa con su familia, o irse a vivir con otro hombre. Es muy mal recibida por sus padres a quienes los suegros reclaman una indemnización. Una de las principales causas de desacuerdo conyugal se debe al hecho de que el compromiso matrimonial se hace sin consultar a la muchacha. Algunas veces, es que no se puede habituar a vivir con un hombre que no ha escogido.

La poligamia existe en la región. Es frecuente sobretodo en los barrios del pueblo alejados del centro, en los “ranchos” y en las congregaciones, también es más común entre los mestizos que entre los indígenas. Las cosas suceden por lo general como sigue: un hombre se casa por primera vez con una muchacha muy joven, celebrando un casamiento verdadero, o por medio de panxihuiuitl.

 

Algunos años más tarde, si sus recursos se lo permiten y desea una mujer más joven, compra una jovencita a sus padres, llevando el panxihuiuitl. Las dos mujeres cohabitan. Algunos indígenas tienen tres mujeres, pero la mayor parte de los indígenas polígamos sólo tienen dos.

Hay dos mujeres. Está casado verdaderamente con una de las dos. La “verdadera” (es decir la primera) vive en su casa; le muele el maíz, hace las tortillas, lava la ropa. La segunda, la lleva al campo, al mercado. Lleva la misma vida que él. Cuando regresan, alguno de los dos trae la leña, la mujer uno les da (le comer y les sirve, como si sirviera a dos hombres. Las dos mujeres se entienden bien. El hombre duerme entre las dos.

 

Las dos mujeres tienen un papel definido: una se encarga de los trabajos domésticos, la otra (por lo general, la preferida, es decir, la segunda), acompaña al hombre en sus desplazamientos y participa en el trabajo del campo.

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